segunda-feira, 2 de setembro de 2013

Politica y Común

Politica y Común
Por la construcción de una coalición multitudinaria en Europa.

di Toni Negri

 

 

Disculpen si arranco desde muy atrás. Quisiera preguntarme antes que nada, ¿qué quiere decir "hacer política hoy" para abordar luego el tema de Europa. Hacer política sobre el terreno de la autonomía, es decir asumiendo el punto de vista del sujeto subversivo y analizando en consecuencia las figuras y los modos de actuar del proletariado precario cognitivo. Recupero de hecho las necesidades y los deseos de este sujeto como dispositivo central, virtualmente hegemónico, en el análisis de los movimientos de la multitud dominada y explotada en su lucha contra el orden capitalista.

Hay dos argumentos, mejor dicho, dos topoi que deben ser asumidos abordando este tema. El primero es objetivo:  es preciso preguntarse qué significa colocarse dentro del desarrollo capitalista en la fase crítica de la hegemonía neoliberal. Podríamos también, probablemente, comenzar a interrogarnos sobre los "límites del capitalismo", dejando de lado  sin embargo  previamente cualquier previsión catastrófica, como quiera que esta se presente, y toda nostalgia de una tradición que testimonia desde hace bastante tiempo esta ilusión. El contexto capitalista está hoy caracterizado por el dominio del capital financiero que está consolidando su acción después de una larga transición, que se remonta al menos a la segunda mitad de los años 70. Hemos seguido ampliamente  esta evolución, y a menudo anticipado en nuestro trabajo colectivo: veamos pues simplemente las conclusiones. El capital financiero es hegemónico y no se lo puede definir más como lo hacían Marx y Hilferding, ya que se ha hecho capital directamente productivo: busca hoy su estabilización ejerciendo actividades extractivas sea con respecto a la naturaleza y  sus riquezas, como con respecto a lo biopolitico-social (es decir, el welfare). Cuando hablamos de la consolidación del poder del capital financiero lo decimos suponiendo (y es una hipótesis que se aproxima ya a una verificación final) que la transformación del capitalismo ha provocado (entre otras cosas, aunque mi comentario está limitado al  análisis, cuanto lo importante para concentrar este  último en lo que nos interesa) – decimos, ha provocado una muy profunda transformación de las formas territoriales y de las estructuras institucionales de la organización global de los Estados y de las naciones en el  "siglo breve".

Esta transformación empieza al interior de cada uno de los mercados nacionales donde, en cada uno de ellos, la estructura productiva capitalista se reorganizó después de la primera gran guerra (respondiendo al triunfo de la Revolución bolchevique), según módulos contractuales keynesianos. En el segundo período de posguerra y después de las "reconstrucción", este módulo de organización social y de comando capitalista empieza a ser debilitado y, a veces, hecho saltar bajo la presión obrera: es entonces que comienza la revolución neoliberal a partir de finales de los años 70 con una extraordinaria aceleración a principios del siglo XXI. Ella reorganiza, en primer lugar el Estado según normas fiscales para la gestión de la crisis y según la governance de la deuda pública. El proceder de la mundialización que interviene en ese período y la afirmación global de los "mercados financieros" desplazan el control de las posibilidades deudoras del Estado del poder público a las estructuras que organizan lo privado; del equilibrio  de la administración interna del Estado al equilibrio construido bajo el dominio de los "mercados" globales.

Es en este punto que se da una definitiva fractura entre el nuevo orden capitalista global y  los sujetos que vivían en el anterior ordenamiento capitalista de cada uno de los Estados-nación – en aquel ordenamiento "reformista" del capital, es decir, donde después de haber introducido keynesianamente al movimiento obrero en el contrato social, disciplinaba su comportamientos según normas llamadas "democráticas".  Si en el Estado fiscal, que pronto alcanzó la crisis, la deuda estatal había asumido ese papel de anticipación del gasto que antes había tenido la inflación (en sentido opuesto, en este caso, como instrumento de desvalorización del gasto) y si pronto la fiscalidad no fue ya suficiente para sostener la deuda promovida por el Estado; si por lo tanto la estructura de la deuda mudó y el neoliberalismo, haciendo del mercado la regla del desarrollo y de los "mercados" la justicia del planeta, impuso la privatización global del debito…. dado todo esto entonces, la crisis capitalista se presenta hoy como la imposibilidad de hacer actuar dentro de su propio desarrollo todo elemento de mediación, cualquier estructura contractual, en definitiva el keynesianismo bajo las diferentes acciones reformistas que éste pudiera asumir. Por otra parte, este desarrollo (en lo concerniente al punto de vista de las luchas del sujeto subversivo) nos devuelve un módulo muy consistente de lucha de clase. En efecto, por un lado todos aquellos que pueden participar del  "interés" (es decir, del beneficio monetario– tras la participación de la práctica global de la usura de los mercados privados y/o semipúblicos) construido en el mercado financiero; de otro lado, todos aquellos que consideran el ejercicio de su fuerza-trabajo, vuelta hoy socialmente útil desde su "estar juntos" y, por lo tanto, la exigencia (necesidad y deseo) de tener garantías durante el curso de su vida, no de la perduración de la barbarie de la posesión privada, sino del posible disfrute del acceso al común. Y no hay "ninguna clase media" entre estas dos realidades éticas.

El segundo presupuesto es subjetivo. Hemos mencionado las características éticas; ahora se trata de estudiar (también en este caso reasumiendo un trabajo colectivamente consumado) la ontologia de la producción. En ella se recomponen pues las modificaciones introducidas en la composición de clase trabajadora. Ella (la composición de clase) no es más (como desde hace mucho tiempo se sabe) "obrera" en sentido exclusivo;  tanto menos puede ser calificada como central en los procesos de valorización: la dimensión inmaterial, intelectual, cooperativa y la red (como tejido de cualquier actividad productiva) se han convertido en los elementos centrales de la valorización productiva. La fuerza de trabajo se ha visto radicalmente modificada. Ninguna nostalgia sobre la vieja clase obrera se debe tener. Compromiso, en cambio, para reconocer el estigma en el continuo de la "desindustrialización", determinada (no tanto por el capital financiero) cuanto por la automatización industrial y por su expansión a todo el sistema de servicios productivos (por consiguiente también el obrero industrial es hoy el trabajador inmaterial).  La radicalidad de esta modificación es extrema. En otros momentos hemos definido al conjunto de la fuerza de trabajo, bajo su dimensión de sujeto explotado en el desarrollo del capital financiero, como compuesto por individuos "endeudados, mediatizados, securitizados, representados". En este marco la explotación asume a la sociedad como totalidad, inviste y subsume a toda la sociedad. Es una explotación extractiva. La calidad extractiva de la explotación significa que la analítica "temporal" (la marxiana, por ejemplo) de las figuras y de las cantidades de plustrabajo y de plusvalía, deben ser revisadas y analizadas según nuevos criterios.

Es aquí donde el capital financiero se establece como potente agente de una "extorsión" compacta y masificada de plusvalía, como mistificador de todo ensamblaje de trabajo cooperativo y por último –de este modo –como fuerza extractiva del común. En el concepto de "extracción" se modifica pues el de "explotación". "Extracción" significa apropiación de plusvalía mediante un continuo descremado de la actividad social, la reducción de las singularidades que cooperan en la producción social (y que por lo tanto expresan común) a una masa que ha perdido todo control de sí misma y toda autodeterminación, la transformación de la gestión empresarial capitalista en una función ahora incapaz de organizar el trabajo, inmersa en el juego financiero y sólo atenta a los bonos bursátiles. El concepto marxiano de explotación parece así patéticamente lejano, en su insistencia sobre la temporalidad de la jornada laboral y la explotación individual que en ella se mide. Si no fuera que la masa sólo existe bajo la lógica del capital financiero (como el pueblo en aquella de los soberanos). Mientras que la vida explotada es singular. Desde este punto de vista, pues, las subjetividades implicadas en este desarrollo del capitalismo, expropiadas como masa, explotadas como singularidad, advierten que la fractura social, mejor dicho, la escisión del concepto de capital se ha dado ahora de forma plena. Al estado que el desarrollo capitalista ha sido llevado por la acción neoliberal, cualquier mediación interna en el desarrollo capitalista (aunque impuesta por la multitud de trabajadores necesitados, en definitiva cualquiera sea la forma en que ella se presente, cualquiera que sea la forma en que las singularidad sean encerradas como masa de expropiados), toda mediación, pues, ha sido rota. Asistimos a la puesta a cero de lo político, mejor dicho, del valor de la composición política del sujeto antagónico: en esta perspectiva "la política" es sólo considerada una mediación –y esta no podrá ser ejercida sino a través de los "excluidos".

Por tanto, ¿debemos concluir que la dialéctica obrerista que siempre tuvo presente una relación antagónica entre desarrollo capitalista y lucha de clase obrera y que imputaba a ella todo desarrollo, está terminada? Es posible, con toda probabilidad que ello haya ocurrido. En efecto, la relación de singularidad que constituye la multitud ha devenido del todo intransitiva en la relación del capital. El neoliberalismo nos impone esta verdad. La valorización capitalista nace en efecto por el hecho de que la multitud de singularidades es reducida a masa– se ha vuelto "transitiva" en tanto capital variable pero no puede expresarse como clase – ni siquiera dentro del capital, como la dialéctica "socialista" exigía. Afirmar esto no significa que la concepción marxiana del desarrollo sea obsoleta o que la metodología obrerista se haya vuelto residual; sólo significa que el método debe innovarse, que las "armas de la crítica" deben adaptarse a la nueva situación global y que "hacer política hoy" es un concepto que no puede estar legitimado, por ejemplo, simplemente por el recurso de la investigación obrera – modulada sobre el par composición técnica y composición política –sino que el tema del poder y del contrapoder, de la guerra y de la paz, del poder constituyente y de la insurrección, en definitiva, del programa comunista, deben ser propuestos en primera línea.

Repito. Desde hace ya tiempo que hemos teorizado sobre el hecho que el "uno se ha dividido en dos". Esto significa que no hay más medida entre capital y sujeto explotado, antagonico, que no hay más mediación posible.  Puede sólo haber mediación forzosa. Esto implica crisis, ineficiencias, límites de la forma política del capitalismo hoy dominante, de la "democrática" en particular, cada vez más evidentes. Si la acción política más elevada del primer movimiento obrero (entre el siglo XIX y comienzos XX) intentó alternativamente por su acción un modelo reformista y/o uno insurreccional; si la segunda gran época del movimiento obrero –la del obrero fordista- consolidó bajo la forma contractual (y reformista) su proyecto, hoy no hay nada más de esto que pueda ser nuevamente recorrido. Algunos autores, con gran inteligencia, han subrayado que el capitalismo neoliberal ha perdido toda característica democrática por cuanto las instituciones de la democracia no consiguen tratar ni influir sobre las cuestiones económicas– han permitido por tanto al neoliberalismo despegarlo de las reglas de la democracia. Es otro modo de decir que el "uno se ha dividido en dos". La soberanía ha sido entonces quitada de los Estados-nación para ser transferida hacia el poder global de los "mercados". Pero esta conclusión no concluye nada, está ella misma implicada en el proceso de crisis y la extremiza, antes que resolverla. Es ahora  banalmente repetido por muchos, y termina por mistificar la impotencia de los sujetos y por volver vanas las luchas contra el capital financiero.

Hasta ahora hemos visto como el concepto de composición política de clase obrera se ha venido a menos, como se ha reducido a cero la nueva figura de los movimientos financieros y políticos del capital – y en todo caso como éste no puede funcionar (la decimos de manera gruesa) "ontológicamente",  es decir en una realidad histórica determinada: porque está ahora privado de toda transitividad. "Como hacer política, hoy", no significa, por tanto jugar entre composición política y composición técnica, sino redefinir radicalmente qué es "política". Más adelante veremos cuál es la fragilidad del mismo concepto de composición técnica. La metodología clásica del obrerismo no funciona más, por lo tanto. Es necesario modificarla. Y hacerlo teniendo presente que nuestra autocrítica no significa que no nos podemos llamar marxistas; quizás significa que no nos llamaremos más post-obreristas; probablemente nos diremos sólo comunistas –a nuestra manera, haciendo del marxismo un dispositivo viviente para adaptarlo a la crítica de nuestro mundo. Para empezar, es decir, para salir de la condición de puesta a cero de la política. Sobre la cuestión del presupuesto subjetivo por ello debemos volver ahora, armándonos de una nueva metodología que trabaje esencialmente sobre las maneras de hacer crecer, independientemente de la relación de capital (no-transitivamente pues), la nueva subjetividad social explotada. En ella no serán más reconocibles composición técnica o composición política, consecuentes la una de la otra, sino más bien una composición simplificada y una consistencia real que intentaremos ahora aquí de definir, describiendo la acción que es posible, que esta subjetividad, produzca. En primer lugar, debemos tener presente que ese sujeto separado, reducido a cero desde el punto de vista político, es un sujeto que se ha reapropiado del capital fijo, en toda la fase de transformación del capitalismo, entre la crisis del Estado fiscal y la consolidación del Estado del capital financiero. ¿En qué consiste precisamente esta reapropiación? Consiste específicamente en hacer propios, en el aferrar , en hacer prótesis corpóreas y mentales, lingüísticas y/o afectivas, es decir, en reconducir a la propia singularidad, algunas capacidades que antes eran solo reconocidas como propias de las máquinas con las que se trabajaba, y en el integrar estas características maquínicas, convertirlas en aptitudes y comportamientos primarios de la actividad de los sujetos trabajadores. En la separación histórica que se había dicho entre objetividad del comando (y del capital constante) y subjetividad de la fuerza de trabajo (sujeta al capital variable) – se da, por parte de las singularidades, una reconquista del capital fijo, una adquisición irreversible de elementos maquínicos sustraídos a la capacidad valorizante del capital – para decirlo brutalmente, un robo continuado de los elementos maquínicos que enriquecen de capacidad técnica el sujeto, o mejor, como se ha dicho, que el sujeto trabajador incorpora. Con esto se demuestra cómo el trabajo intelectual es corpóreo, referido a su capacidad de absorber con rapidez y virtud estímulos y potencias maquínicas.

Ahora bien, toda reapropiación es destitución del comando capitalista. Este proceso de apropiación por parte de los trabajadores inmateriales es muy fuerte, eficaz en su desarrollo – determinará la crisis. Pero no se daría la crisis si considerásemos que ella nace espontáneamente de los procesos de reapropiación y de destitución. No es así. La crisis necesita de un enfrentamiento, de una realidad política que se mueva para la destrucción no simplemente ya de la relación de explotación sino de la condición forzosa que la sostiene. . En realidad, cuando se habla de reapropiación por parte del sujeto antagónico, no se habla simplemente de la modificación de la calidad de la fuerza de trabajo (que deriva de la absorción de porciones de capital fijo), se habla fundamentalmente de la reapropiación de aquella cooperación que en la reestructuración capitalista de la producción había sido fomentada y luego expropiada –y que representa el drama esencial de esta fase crítica.

 

Cuando se dice recuperación del capital fijo, reapropiación – lejos de expresarse en términos manchados de economicismo –el análisis entra más bien en aquel terreno de la cooperación que es hoy regulado en términos biopoliticos por el capital: destituir el capital de esta función significa recuperar para la fuerza de trabajo autónoma su capacidad de cooperación. Pero dado que la sociedad civil y la cooperación productiva son hoy dominadas por las funciones monetarias – y las funciones monetarias forman la cabeza directamente del capital financiero –reapropiación del capital fijo y destitución del comando capitalista sobre la cooperación nos llevan inmediatamente dentro de lo que es hoy más decisivo en la estructura del comando capitalista: la esfera monetaria. Si aquí se dieran significantes, serían significantes que revelan el común. La moneda se encuentra y se enfrenta con las características comunes de la cooperación. Y entonces la resistencia, la lucha y la autodeterminación del sujeto trabajador aquí asumen inmediatamente características políticas, ya que se enfrentan con las dimensiones financieras (monetarias) del control social. El welfare es el terreno privilegiado de este enfrentamiento.

En segundo lugar, además de destituir al comando sobre la cooperación e incorporarse como parte  del capital fijo, la nueva fuerza de trabajo, es decir, la clase política antagónica, socialmente recompuesta en cooperación, se encuentra en construir lugares comunes. Más que  desearlos, en todo caso quiere construirlos. Lugar común: ¿qué significa esto? Inmediatamente, un sentido de orientación en el contexto propio de la movilidad y de la flexibilidad incorporadas a la fuerza de trabajo (cooperante). Y, en segundo lugar, ¿qué son pues los lugares comunes, mejor dicho, los conjuntos institucionales dentro de los que el sujeto antagónico quiere reconocerse? Se trata esencialmente de niveles estructurales de la organización del estar juntos, a menudo el contexto social de la ciudad, mejor dicho de la metrópoli –como lugar de encuentro y de construcción común de lenguajes y de afectos, como plena virtualidad de las asociaciones productivas. La metrópoli está en efecto convirtiendose, cada vez más, en el lugar donde la resistencia a la extracción capitalista del plustrabajo de la actividad común y a la explotación de la singularidad multitudinaria, se ha vuelto posible –quizás un lugar de deseo. La metrópolis se ha convertido ciertamente central en la acumulación capitalista porque allí, en la metrópoli, la intransitividad de la relación capitalista ha alcanzado el más alto nivel de realización y de expresión, y, como tal, debe ser gobernada por el capital. Pero, por otra parte, la metrópoli se ha vuelto eminentemente lugar de enfrentamiento y de reapropiación proletaria. Toda instancia de contra-poder no puede prescindir de los lugares, espacios en los cuales desarrollarse, afirmarse, apoyarse. Si en el primer momento que hemos considerado (aquel de la reapropiación del capital fijo) la singularidad se reconocía al mismo tiempo en el común –y el común (en el caso, en el conjunto de los servicios del welfare) devenía el objeto de sus instancias de reapropiación –si esto ocurre en la metrópoli, es decir, a partir de las multitudes que se recomponen y toman forma en lugares comunes, el enfrentamiento entonces se define inmediatamente como lucha de un proletariado multitudinario contra el capital financiero. Aquí la acción multitudinaria, destinada a defender, a reconstruir, a apropiarse del welfare, se funde con el  redescubrimiento de la subjetividad activa, de aquellas singularidades que constituyen la multitud – por eso se expresa en la solicitud del derecho de ciudadanía –que es políticamente "derecho a la ciudad".

Derecho es garantía de disfrute de la ciudad, de cooperación en la ciudad, de gobierno de la ciudad, de trabajo en la ciudad. La cuestión del ingreso garantizado de todo ciudadano pasa a ser aquí un elemento que integra esta construcción de lo político. Y si la petición de ingreso reconoce la función productiva de cada ciudadano, no es sin embargo ésta el aspecto fundamental: fundamental es más bien que cada singularidad (es decir, cada trabajador y cada ciudadano) encuentre y fije en su pretensión subjetiva del ingreso, una solicitud de poder político adecuada a la construcción de la multitud. Ingreso garantizado y derecho a la ciudad son un solo objetivo político. Si en el primer lugar común que hemos construido, la singularidad multitudinaria se realizaba en el común (en el gobierno del welfare), aquí el común sea multitudinario y se exprese a través de la singularidad (en el derecho subjetivo a la ciudad, en el acceso al común) –así se afirma la nueva forma de hacer política hoy.

En el neoliberalismo, en el Estado consolidado de la transformación del comando del capital, el tejido del común es organizado por la moneda y expropiado por la Banca. Es así que, procediendo desde abajo, se propone por nosotros, por nuestras luchas de emancipación social y de libertad, el tema Europa. Reconstruir horizonte europeo significa luchar por la reapropiación del welfare y por  la obtención de un ingreso de ciudadanía, igual para todos y más que decente, reconociendo en el BCE el enemigo a vencer, el poder por extenuar. Es aquí que se da, frente a los ataques de los "mercados" (lo que sucedió en la crisis lo ha mostrado) una oportunidad única para desplazar el discurso político por las condiciones asfixiantes del debate dentro de los distintos países-nación a una perspectiva revolucionaria. Pero más aún, precisamente, si no se puede volver atrás, (y la crisis lo ha demostrado, y su solución lo afirmará aún más duramente) Europa es una oportunidad revolucionaria. Si no se puede volver atrás, hay que ir adelante –y para ir adelante hay una sola vía: luchar, insistiendo sobre el welfare y el ingreso de ciudadanía, para refundar aquella  instancia democrática del común que nos fue arrebatada vías desde la actual governance europea, hegemonizada por el neoliberalismo. El tema Europa se plantea directamente contra la Banca, reconociendo que la lucha multitudinaria, la lucha del proletariado social contra la Banca no reniega del proceso de unificación europea y de los resultados alcanzados (entre ellos la moneda única) sino que se plantea más bien el objetivo del gobierno de la moneda, de la construcción de la moneda del común. Esta es solo una premisa, casi un anticipo ideológico de una acción comunista por reprogramar. De nuevo preguntémonos por tanto: ¿por qué Europa? ¿Porque somos "europeístas" incluso después de que hemos sufrido directamente inspirado por el neoliberalismo la represión feroz, una austeridad horrible y lo hemos hecho objeto de nuestro odio? Y después de haber reconocido implícitamente que Europa representa en el marco institucional presente, el más completo ejemplo de consolidación del Estado neoliberal? Dentro de la "izquierda" muchos, la mayor parte de los que no adhieren a la socialdemocracia, ahora (después de haber luchado largamente contra el proceso de unificación europea, duramente domados por la crisis económica y habiendo aprendido que atrás no se vuelve) –ahora, pues piensan que la única forma de reconstruir Europa es establecer la reformulación del contrato constitutivo, por parte de los Estados-nación europeos, exigen que estos se restablezcan como sujetos soberanos de negociación. Se trataría de volver (temporaneamente?) a los Estados-nación, de restaurar una soberanía nacional (protegida desde Europa dentro y contra la globalización?) y así de recuperar poder sobre la moneda. Y luego... luego se verá. El soberanismo es duro de morir y aún hay socialistas dispuestos, desde 1914, a repetirse en la  defensa de la soberanía nacional más allá de cualquier vergonzoso límite! Subordinadamente, de manera más tranquila, se sostiene la posibilidad de reabrir una relación – casi contractual –entre los distintos Estados europeos, casi soberanos, después de que ellos hayan recobrado una mayor autonomía soberana –aquella que el pacto fiscal y los demás diabólicos acuerdos monetarios han eliminado: en definitiva, reconstruir Europa en dos tiempos. Uno primero, supresión de los acuerdos sobre el BCE; uno segundo, recomposición alrededor de un acuerdo tipo Bretton Woods, donde quien manda sea un independiente "Bancor" – moneda convencional que flexiblemente acompañe la diversidad de situaciones europeas y guíe los movimientos de ajuste de las balanzas y de los presupuestos al interior de los distintos países y entre todos. Patéticos proyectos. No obstante nos afectan sólo parcialmente, como para definir un telón de fondo. Para nosotros, el problema no se resuelve volviendo atrás: en efecto, pensamos que Europa sea el continente mínimo para una acción política revolucionaria que se sitúe en la globalización. El espacio (precisamente a raíz de la globalización) vuelve a ser una dimensión política esencial, primaria. Es sólo construyendo y consolidando la fuerza de un ordenamiento en un espacio determinado entre actores que cooperarán, que la legitimidad (la soberana, cierto), pero también la revolucionaria, se afirmarán. No hay alternativa. Europa es este espacio –donde el proletariado multitudinario en el que nos reconocemos puede surgir, convirtiendo no el espacio (también lo haga, quizás: lo hablarán otros) pero la estructura de poder que lo ordene. Europa y la moneda europea constituyen un ámbito de virtual autonomía dentro de la mundialización. Sin Europa no hay posibilidad de gobernar, limitando la presión enorme de los mercados globales y de los poderes multinacionales. Europa es aquella dimensión espacial que representa una posibilidad de supervivencia política y de acción autónoma de las multitudes europeas, frente a la presión de las fuerzas soberanas, ya ordenadas sobre dimensiones globales – configurantes  ahora como secciones continentales del poder global.

Lo que ha ocurrido sobre el tablero global en este último treinta años, desde finales de la guerra fría, debe ser fuertemente subrayado para aclarar que la propuesta de una lucha que se proponga un proyecto de democracia radical en Europa, es cualquier cosa menos un sueño. Si es cierto, en efecto, que la potencia de los mercados es enorme, es igualmente cierto que el peso y los condicionamientos de la alianza y de la subordinación atlántica se han convertido, en una continuidad, cada vez más frágil y, en una perspectiva, inestable. Es debido al declive de la potencia norteamericana que el comienzo del siglo XXI se ha caracterizado –por dos consecuencias mayores. La primera es el conflicto latente entre Estados Unidos y China – que está madurando y tiene una primera consecuencia que nos interesa: tener alejado el poder norteamericano de la Europa y registrado el fuerte debilitamiento (que no debemos subestimar) del poder norteamericano, no sólo en Europa, sino sobre toda la dimensión mediterránea. Los Estados Unidos no han querido nunca una Europa unida, excepto como aliado durante la guerra fría. Después de la "caída del muro de Berlín han continuamente suscitado oposición a la unificación y la Gran Bretaña siempre ha representado el caballo de Troya de este sabotaje. Ahora la situación ha cambiado profundamente y, al debilitamiento del liderazgo, se añade para la Casa Blanca la necesidad de apoyar más eficazmente los intereses norteamericanos en el Pacífico y de construir allí un frente estratégico por la hegemonía asiática. Como se ve, la "provincialización de Europa" no lleva solo un ¡ay! La segunda consecuencia es mucho más importante: se liga al desarrollo de una primavera arabe a lo largo del Mediterráneo y en el Oriente Medio (un verdadero 1848).

Después de la "caída del muro de Berlín han continuamente suscitado oposición a la unificación y la Gran Bretaña siempre ha representado el caballo de Troya de este sabotaje. Ahora la situación ha cambiado profundamente y, al debilitamiento del liderazgo, se añade para la Casa Blanca la necesidad de apoyar más eficazmente los intereses norteamericanos en el Pacífico y de construir allí un frente estratégico por la hegemonía asiática. Como se ve, la "provincialización de Europa" no lleva solo un ¡ay! La segunda consecuencia es mucho más importante: se liga al desarrollo de una primavera arabe a lo largo del Mediterráneo y en el Oriente Medio (un verdadero 1848).

En tercer lugar, o mejor dicho, este es el tercer presupuesto que está en la base del razonamiento sobre la subjetividad que hemos empezado a desarrollar al inicio de esta intervención (hace mucho tiempo,!) – se trata de consolidar, también para nosotros, en instituciones los movimientos desde aquí descritos. Se trata no sólo de construir contrapoderes difundidos sino de coligarlos para producir poder constituyente. Se trata de recomponer el conjunto de las fuerzas plurales que luchan por el ngreso y por la defensa/expansión del welfare, en torno a un telos, a una finalidad común.Nos parece que cuando se ha presenciado la larga historia de la primavera arabe y de las insurgencias occupy (y de las tragedias que están marcando la aunque fuerte –a veces abierta, a veces subterránea – continuidad de las primeras y el estancamiento –aunque a veces potentemente reflexivo – que afecta a las segundas) – bien, no se puede entonces no pensar –si todavía se posee un mínimo de responsabilidad teórica, antes aún que política–en la necesidad de un trabajo de constitución de una fuerza que sepa – de conjunto –abordar el enemigo. La conciencia de un paso estratégico ha sido probablemente adquirida: será necesario construir plataformas que organicen la continuidad de las luchas y su progreso

Hacer devenir institución las luchas significa dar propiamente un telos, incorporado a todo momento organizativo. Que quede claro que diciendo esto no se intenta hablar de "refundación" de la "izquierda" ( "refundar" e "izquierda" se han reducido a palabras de mierda) ni se alude a posibles relaciones con fuerzas parlamentarias de la vieja izquierda. Somos comunistas, no tenemos nada que ver con la socialdemocracia en la que reconocemos una variante ideológica del dominio capitalista. Nosotros somos otra cosa, y nos definimos más allá del socialismo. Comencemos pues por ahora a desarrollar en Europa coaliciones de fuerzas en lucha, dentro Europa, contra su Constitución y las políticas del Banco Central y tratemos de darles forma institucional. Como una vez decíamos, en construir organización: "Quien no ha hecho investigación, que no hable", empezamos a decir: "quien no ha construido coalición, en Europa no hable". Este es probablemente un modo para devenir tendencia, en Europa las formas nuevas que la multitud enseña, de construir y ocupar espacios liberados –porque multitud es multitud de subjetividad que se encuentran en un espacio común. Sin embargo, creo que para calificar la construcción de coaliciones, en esta fase, sea suficiente afirmar un punto: la voluntad de destruir la propiedad privada, de disolver en el común la propiedad pública y la soberanía que la vuelve, y de construir y gestionar democráticamente el gobierno del común.

El espacio europeo es entonces, quizás, un territorio privilegiado de experimentación multitudinaria en la construcción de instituciones del común. Lo digo con mucha prudencia pero también con mucha esperanza: porque es muy cierto que Europa ha sido provincializada y que el proletariado europeo ha perdido su batalla de emancipación que por algunos siglos había llevado a cabo contra el Imperio neoliberal del capital…. y sin embargo le hemos dado tantas y todavía tenemos la fuerza de darle.

Traducción: César Altamira

Publicado en http://europassignano2013.wordpress.com/category/materiali-preparatori/5-settembre-le-lotte/

domingo, 1 de setembro de 2013

Globo: o odor da saturação - Revista Fórum | Revista Fórum

Globo: o odor da saturação - Revista Fórum | Revista Fórum

A Globo foi e é parte diretamente interessada no assalto ao poder que interrompeu a democracia brasileira em março de 1964. Não se trata de um editorial isolado, como tenta edulcorar a nota deste sábado
Por Saul Leblon, no Blog das Frases
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Revista Select - google tomado

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O contextualismo autoritário d’O Globo | O lado esquerdo do possível

O contextualismo autoritário d’O Globo | O lado esquerdo do possível

“(…) o nome comum da práxis histórica só pode ser ‘genealogia do presente’, quer dizer, uma imaginação que traz a ser aquilo que existiu antes, da mesma maneira como constitui o ser por vir. Não se interpreta o passado, mas se experimenta.”
Antonio Negri, Kairòs, Alma Venus, Multitudo, p. 66.
As organizações Globo, após se verem transformadas em um dos alvos diletos das manifestações que povoaram as ruas de todo o Brasil a partir de junho (quando não em objeto principal de manifestações especificamente convocadas contra elas), lançaram um editorial aquiescendo do apoio dado ao golpe de 1964, instaurador de uma longa ditadura civil-militar, e manifestando que este erro ‘à luz da História’ (expressão que, como argumentaremos, é a chave para se entender a razão de não haver nenhuma confissão de erro, mas sim um ajuste histórico de posição das organizações) vem sendo debatido internamente desde há muitos anos, vindo à lume apenas agora por motivos do projeto Memória e sendo ‘chancelado’ pela ‘verdade dura’ exposta nas ruas.
Inicialmente, o texto intitulado ’1964′, aquiesce, de forma aparentemente severa, do erro de as organizações Globo terem sustentado o golpe, afirmando que a lembrança dessa postura, sempre exercitada por insatisfeitos com ‘qualquer reportagem ou editorial’ atual, não é refutável. ‘É História’, afirma o texto. A continuidade do texto alude, entretanto, tanto aos diversos veículos de imprensa que, assim como O Globo, apoiaram a ‘intervenção dos militares’, quanto ao ‘apoio expresso em manifestações e passeatas organizadas em Rio, São Paulo e outras capitais’, ou seja, apoio da própria população. É o primeiro passo do procedimento contextualista.
No passo seguinte, O Globo reconstitui a situação histórica e política em que teria se dado a sua intervenção editorial. Em meio a Guerra Fria, a polarização ideológica entre as forças defensoras do comunismo e do capitalismo era reproduzida em todos os países e, no Brasil, ‘ela era aguçada e aprofundada pela radicalização de João Goulart’, acusado, à época, de tentar instalar uma ‘república sindical’ no país (insinua-se a cantilena do golpe como contra-golpe preventivo). Jango teria conseguido revogar o parlamentarismo (aqui, embora, se mencione que isto se deu pela via de um plebiscito, o tom é o de que Jango logrou aceder aos ‘poderes plenos do presidencialismo’ por um golpe de mão e não por delegação soberana do povo brasileiro — quase 9,5 milhões de brasileiros votaram pelo retorno ao presidencialismo e apenas 2 milhões votaram pela manutenção do parlamentarismo). Feria-se, assim, a ‘saída negociada’ (eufemismo que designa o golpe frustrado de 1961, quando, após a obscura renúncia de Jânio, Leonel Brizola, então governador do Rio Grande do Sul, iniciou um movimento de resistência, a Campanha da Legalidade, que freou a iniciativa golpista ao colocar o país na iminência de uma guerra civil caso Jango não assumisse).
Com os ‘poderes plenos do presidencialismo’ Jango teria dado início a uma radicalização da conjuntura política, ameaçando atropelar o Congresso e a Justiça para promover as reformas de base ‘na lei ou na marra’. O mote, em verdade, era dos movimentos sociais, como as Ligas Camponesas de Francisco Julião, e não de Jango e de militares próximos – um pequeno deslocamento discursivo muito útil à conformação do contextualismo justificativo do golpe. Com a explosão do movimento dos sargentos, a caserna, já ‘intoxicada’ de política, teria afundando em grave crise, e se desenhou o horizonte do golpe, uma intervenção ‘cirúrgica’, destinada a apenas a restaurar a ordem, devolvendo-se o poder aos civis tão logo o ‘perigo de um golpe à esquerda’ fosse eliminado. Não foi entretanto o que aconteceu. E é O Globo que admite:
“Não houve as eleições. Os militares ficaram no poder 21 anos, até saírem em 1985, com a posse de José Sarney, vice do presidente Tancredo Neves, eleito ainda pelo voto indireto, falecido antes de receber a faixa.”
(Corta para vinte anos depois – ficar detalhando o que ocorreu, por exemplo, entre 1968 e 1974, não seria recomendável).
Em 1984, quando o golpe completava vinte anos, entretanto, Roberto Marinho publicaria um editorial assinado na capa d’O Globo. Nele — um ‘documento revelador’, de fato, como se afirma em ’1964′ –, Marinho ressaltava a magnânima atitude do general Geisel de extinguir os atos institucionais e demais decretos ditatoriais (nada disso teria sido fruto da luta política intensa pela redemocratização, mas uma concessão de um ditador comprometido com a democracia). Além disso, destacava os avanços econômicos do regime (o arrocho salarial dos anos da ditadura e o intenso aumento da desigualdade social, apenas sanados nos últimos dez anos, não mereceram consideração) e voltava a declarar a crença de que as intervenções repressivas haviam sido ‘imprescindíveis’, não só em 1964, como ainda posteriormente, contra a ‘irrupção da guerrilha urbana’. Todo o palavrório de contestação moderada que se segue a justificação dos desaparecimentos, torturas e assassinatos (‘imprescindíveis para a manutenção da democracia!’) é tão somente a tentativa de maquiar a monstruosidade do apoio post-festum às atrocidades do autoritarismo.
A ‘mágica’ do contextualismo autoritário fica clara, entretanto, nos últimos três parágrafos do texto.
O texto d’O Globo afirma a História como ‘o mais poderoso instrumento de que o homem dispõe para seguir com segurança rumo ao futuro’ e a necessidade da contextualização na análise do ‘posicionamento de pessoas e instituições’. Invoca-se a máxima (inscrita na frase de Cícero, Historia magistra vitae est) da História como mestra da vida – que o pensamento histórico abandonou a partir da sua concepção moderna ou pós-renascentista — para assinalar que se aprende com os erros cometidos e reconhecidos.
O texto, então, opera um corte notável: os homens e as instituições que viveram 1964 são ‘história’, passado, devendo ser entendidos nessa perspectiva e, em seguida, afirma com todas as letras: ‘O GLOBO não tem dúvidas de que o apoio a 1964 pareceu aos que dirigiam o jornal e viveram aquele momento a atitude certa, visando ao bem do país.’ O que se anunciava como a confissão de um erro, através do condão da Historia e da mágica do contextualismo transforma-se, diante dos olhos incrédulos de qualquer leitor atento, numa justificação contextualizada do golpe de 1964, que, entendido nos seus termos, teria sido a ‘atitude certa’! O vertiginoso zigue-zague de opiniões prossegue no último parágrafo, quando o texto faz notar que ‘à luz da História, contudo, não há por que não reconhecer, hoje, explicitamente, que o apoio foi um erro’. O procedimento contextualista do autoritarismo está completo. Operou-se um corte que instalou o erro como acerto na História (que o texto identifica com o passado) e o acerto como erro no presente.
O editorial d’O Globo se utiliza de uma diatribe corrente na reflexão sobre a história e a historiografia, segundo a qual a história só faria sentido nos termos dela mesma e, portanto — para fins de manutenção da ‘neutralidade axiológica’ do discurso historiográfico, evitando-se sua ‘politização’ — deve ser isolada, tanto quanto possível do presente, o anacronismo (ou seja, ‘um desencontro ou encontro sem cabimento; onde valores, hábitos, crenças de épocas diferentes são tratados como se fossem as mesmas coisas’) constituindo-se no pecado, por excelência, do historiador. No lugar dele, instaura-se uma homogeneização do tempo do qual o discurso histórico pretende tratar, cortando-se os fios entre passado e presente.
O texto d’O Globo parece uma boa oportunidade para que se reflita a respeito das consequências deste tipo de pensamento (amplamente disseminado) a respeito do discurso histórico e historiográfico. Mais do que isso, uma oportunidade para que se repense a centralidade do anacronismo no interior da prática histórica, não como incômodo a extirpar, mas como condição constituinte de todo e qualquer conhecimento histórico, que deve, por conseguinte, ser articulado no interior do discurso e não, pretensamente, deixado fora dele. Pensar a história (e o presente, história in actu) como instantes infinitos em que o tempo está aberto para diversos caminhos é a única maneira de impedir que discursos justificadores do autoritarismo se insinuem por dentro da própria prática historiográfica, dando azo, e validando discursivamente, operações como a que as organizações Globo protagonizaram. Mais do que afirmações peremptórias a respeito, que fique a necessidade da reflexão sobre as apropriações da história, não só como processo, mas também como regime de verdade que se articula na supressão dos diversos possíveis entre os quais os homens e mulheres de todos os tempos decidem todos os instantes.

terça-feira, 27 de agosto de 2013

Fora do Eixo ou trabalho colaborativo? | Brasil de Fato

Fora do Eixo ou trabalho colaborativo? | Brasil de Fato


Márcio Boaro

Existe uma entrevista de Lula no início dos anos de 1980 onde um dos entrevistadores pergunta a ele se uma determinada pessoa ligada à esquerda e com grande renome na política nacional poderia ingressar no Partido dos Trabalhadores. A resposta de Lula foi que sim, era só a pessoa procurar o núcleo do partido mais próximo de sua casa, se filiar e iniciar a militância por este lugar.
Em sua resposta Lula deixou claro que qualquer brasileiro poderia vir a ser um dirigente do PT desde que fosse a partir da base. Os anos passaram, o partido mudou e, após a derrota de 1994, optou por alianças em um campo político mais à direita.
No início do governo Lula, o partido tinha 22 anos e havia se formado pela ação de diversas forças concorrentes. Existia uma grande expectativa sobre o Ministério da Cultura, e desde o primeiro momento foram criadas iniciativas importantes, mas não obrigatoriamente coordenadas, iniciativas que, de certa forma, representavam as forças internas do partido. Entre muitos exemplos, podemos falar das conferências de cultura ouvindo a população sobre sua produção cultural, Pontos de Cultura e a Economia Criativa.
Em 2005, estas forças já estavam em debate quando surge o Fora do Eixo. Sem exagero, podemos dizer que ele é fruto das políticas do MinC. Senão diretamente, indiretamente surgiu pelas ideias sobre produção cultural que circulavam pelo país. Afinal, é uma rede (como a Teia dos Pontos de Cultura) que tem uma proposta criativa de produzir cultura de forma “sustentável” (como é o indicativo dos partidários da Economia Criativa). Radicalizaram as políticas ligadas ao mercado com a criação de uma empresa com atuação agressiva, que tem a criatividade e as atividades artísticas como motor, mas esquecendo o restante das políticas do MinC que buscam a democratização.
O Fora do Eixo tem uma identidade política confusa: se diz apartidário, tem uma perspectiva de trabalhar coletivamente, mas está ligado somente ao mercado. Se apropria dos meios de produção e aliena os trabalhadores de forma mais violenta que os empresários: retira da pessoa a identificação com o trabalho e até os direitos básicos do trabalhador. A pessoa que “colabora” não tem seu trabalho reconhecido nem como criador, nem como trabalhador remunerado.
Por utilizarem a maioria dos vernáculos da modernidade e utilizarem a tecnologia, se acham modernos, mas esta “rede” não tem nada de moderna: se assemelha mais a uma estrutura feudal, onde os integrantes das pontas são lacaios, sem direito algum, os intermediários vassalos submissos dos senhores feudais que montaram a rede. Não é exagero. Se esquecermos as conquistas dos trabalhadores, voltamos para a idade média, mesmo usando um “Mac Pro”. Para melhor disfarçar seu caráter de exploração de mão de obra escrava, usa as ideias de "militância" e de "trabalho voluntário no coletivo".
Existe um outro modelo que podemos comparar com o Fora do Eixo. Há mais de 30 anos os grupos de artes cênicas se organizam por todo o país em “coletivos de coletivos”, ou seja, cooperativas, federações de grupos.
As formas de trabalho dos grupos podem diferir em detalhes, mas de modo geral trabalham de forma colaborativa onde as pessoas participam ativamente do processo criador e têm voz para opinar sobre as produções. Na maioria dos casos, tendem a um trabalho a longo prazo.
No caso das organizações que unem diversos grupos, a democracia interna dos grupos é continuada, é comum os votos serem por grupos. São milhares de grupos, que têm mais semelhanças do que diferenças, nos quais o indivíduo recebe pouco (porque as verbas são escassas), mas tem seu trabalho reconhecido.
Talvez por esta organização das artes cênicas, o Fora do Eixo não tem grande expressão neste segmento, da mesma forma que não conseguiu se estruturar na música (o seu campo de ação mais “forte”) em Pernambuco.
Estes grupos, apesar de organizados e de serem uma força criativa expressiva, no geral tem pouco apoio, mas um exemplo a ser seguido são os programas de fomento da cidade de São Paulo, iniciados com o Fomento ao Teatro, e continuando com o Fomento à Dança.
Com centenas de grupos beneficiados, são milhares de pessoas que trabalham e levam uma produção diferenciada para cidade toda, além de um exercício contínuo no desenvolvimento de diversas formas e de linguagem. Ou seja, existem formas de fazer acontecer uma produção cultural coletiva em que as pessoas mantenham seus direitos e sua dignidade.

Márcio Boaro é diretor da Cia. Ocamorana.

MANIFESTO | Fora do Eixo e uma reflexão das mulheres contra o patriarcalismo | Frente Feminista pela Cultura

MANIFESTO | Fora do Eixo e uma reflexão das mulheres contra o patriarcalismo | Frente Feminista pela Cultura

segunda-feira, 19 de agosto de 2013

Vereadora "sexy demais" é impedida de tomar posse no Irã - Pragmatismo Político

Vereadora "sexy demais" é impedida de tomar posse no Irã - Pragmatismo Político
Ser “sexy demais” foi o que impediu uma engenheira e designer de websites de 27 anos de tomar possecomo vereadora na cidade de Qazvin, no Irã, a antiga capital do Império Persa. A informação foi dada pelo periódico britânico The Times na última semana.
A despeito das promessas do novo presidente do Irã, Hassan Rohani, de que os direitos civis femininos vão melhorar em seu governo, Nina Siakhali Moradi foi barrada de seu posto por conservadores islâmicos, que anularam sua eleição ignorando os mais de 10 mil votos que a colocaram em 14º lugar entre os 163 candidatos.
“Nós não queremos uma modelo de passarela na Câmara”, disse uma autoridade de Qazvin à imprensa local. Utilizando o slogan “Idéias jovens para um futuro jovem”, Nina defendia mais direitos para as mulheres na cidade, a restauração dos edifícios antigos e maior participação dos jovens no planejamento urbanístico. Sua candidatura havia sido analisada e aprovada pelo Judiciário iraniano.

O analfabeto midiático

O analfabeto midiático
O pior analfabeto é o analfabeto midiático.
Ele ouve e assimila sem questionar, fala e repete o que ouviu, não participa dos acontecimentos políticos, aliás, abomina a política, mas usa as redes sociais com ganas e ânsias de quem veio para justiçar o mundo. Prega ideias preconceituosas e discriminatórias, e interpreta os fatos com a ingenuidade de quem não sabe quem o manipula. Nas passeatas e na internet, pede liberdade de expressão, mas censura e ataca quem defende bandeiras políticas. Ele não sabe que o custo de vida, o preço do feijão, do peixe, da farinha, do aluguel, do sapato e do remédio dependem das decisões políticas. E que elas – na era da informação instantânea de massa – são muito influenciadas pela manipulação midiática dos fatos. Não vê a pressão de jornalistas e colunistas na mídia impressa, em emissoras de rádio e tevê – que também estão presentes na internet – a anunciar catástrofes diárias na contramão do que apontam as estatísticas mais confiáveis. Avanços significativos são desprezados e pequenos deslizes são tratados como se fossem enormes escândalos. O objetivo é desestabilizar e impedir que políticas públicas de sucesso possam ameaçar os lucros da iniciativa privada. O mesmo tratamento não se aplica a determinados partidos políticos e a corruptos que ajudam a manter a enorme desigualdade social no país.
Questões iguais ou semelhantes são tratadas de forma distinta pela mídia. Aula prática: prestar atenção como a mídia conduz o noticiário sobre o escabroso caso que veio à tona com as informações da alemã Siemens. Não houve nenhuma indignação dos principais colunistas, nenhum editorial contundente. A principal emissora de TV do país calou-se por duas semanas após matéria de capa da revista IstoÉ denunciando o esquema de superfaturar trens e metrôs em 30%.
O analfabeto midiático é tão burro que se orgulha e estufa o peito para dizer que viu/ouviu a informação no Jornal Nacional e leu na Veja, por exemplo. Ele não entende como é produzida cada notícia: como se escolhem as pautas e as fontes, sabendo antecipadamente como cada uma delas vai se pronunciar. Não desconfia que, em muitas tevês, revistas e jornais, a notícia já sai quase pronta da redação, bastando ouvir as pessoas que vão confirmar o que o jornalista, o editor e, principalmente, o “dono da voz” (obrigado, Chico Buarque!) quer como a verdade dos fatos. Para isso as notícias se apoiam, às vezes, em fotos e imagens. Dizem que “uma foto vale mais que mil palavras”. Não é tão simples (Millôr, ironicamente, contra-argumentou: “então diga isto com uma imagem”). Fotos e imagens também são construções, a partir de um determinado olhar. Também as imagens podem ser manipuladas e editadas “ao gosto do freguês”. Há uma infinidade de exemplos. Usaram-se imagens para provar que o Iraque possuía depósitos de armas químicas que nunca foram encontrados. A irresponsabilidade e a falta de independência da mídia norte-americana ajudaram a convencer a opinião pública, e mais uma guerra com milhares de inocentes mortos foi deflagrada.
O analfabeto midiático não percebe que o enfoque pode ser uma escolha construída para chegar a conclusões que seriam diferentes se outras fontes fossem contatadas ou os jornalistas narrassem os fatos de outro ponto de vista. O analfabeto midiático imagina que tudo pode ser compreendido sem o mínimo de esforço intelectual. Não se apoia na filosofia, na sociologia, na história, na antropologia, nas ciências política e econômica – para não estender demais os campos do conhecimento – para compreender minimamente a complexidade dos fatos. Sua mente não absorve tanta informação e ele prefere acreditar em “especialistas” e veículos de comunicação comprometidos com interesses de poderosos grupos políticos e econômicos. Lê pouquíssimo, geralmente “best-sellers” e livros de autoajuda. Tem certeza de que o que lê, ouve e vê é o suficiente, e corresponde à realidade. Não sabe o imbecil que da sua ignorância política nasce a prostituta, o menor abandonado, e o pior de todos os bandidos que é o político vigarista, pilantra, o corrupto e o espoliador das empresas nacionais e multinacionais.”
O analfabeto midiático gosta de criticar os políticos corruptos e não entende que eles são uma extensão do capital, tão necessários para aumentar fortunas e concentrar a renda. Por isso recebem todo o apoio financeiro para serem eleitos. E, depois, contribuem para drenar o dinheiro do Estado para uma parcela da iniciativa privada e para os bolsos de uma elite que se especializou em roubar o dinheiro público. Assim, por vias tortas, só sabe enxergar o político corrupto sem nunca identificar o empresário corruptor, o detentor do grande capital, que aprisiona os governos, com a enorme contribuição da mídia, para adotar políticas que privilegiam os mais ricos e mantenham à margem as populações mais pobres. Em resumo: destroem a democracia.
Para o analfabeto midiático, Brecht teria, ainda, uma última observação a fazer: Nada é impossível de mudar. Desconfiai do mais trivial, na aparência singelo. E examinai, sobretudo, o que parece habitual.

"É a luta que constitui o amor" | Páginas Azuis | O POVO Online

"É a luta que constitui o amor" | Páginas Azuis | O POVO Online
Cientista político e professor da UFRJ aponta que as manifestações de rua estão num momento intermediário entre a explosão inicial de junho e a constituição de uma nova ordem das coisas
Na avaliação do italiano Giuseppe Cocco, professor titular da Universidade Federal do Rio de Janeiro (UFRJ), as manifestações de rua, deflagradas em todo o País a partir de junho, são a primeira greve geral metropolitana. Para entender o argumento, apresentado em palestra no Sindicato dos Docentes das Universidades Federais do Estado do Ceará (Adufc), em julho, é preciso atentar para o estopim das passeatas. 
Açuladas pelo aumento das passagens nos transportes urbanos, elas acabaram se voltando para outras questões – tanto estruturais quanto conjunturais. A ideia do professor é de que, com a economia muito mais voltada aos serviços que à indústria, o transporte é elemento essencial para estar inserido social, econômica e culturalmente nas cidades. Dentro disso, as manifestações são “a face mais selvagem” dos dois governos Lula. Explodem pelas mãos da nova classe média, que agora exige mais dos governantes, e põem ao PT um problema que a presidente Dilma, segundo Cocco, não tem sabido resolver.

Partindo desse contexto, ele afirma que os protestos questionam nossa democracia, estão num momento de inflexão entre a destruição das velhas ordens e a constituição de uma nova e são uma radicalização democrática, cheia de um dissenso que não deve ser unificado, mas, ao contrário, compreendido.

Cocco analisa os Pontos de Cultura como uma iniciativa importante de auto-organização popular da multidão, afirma que não existe “vandalismo” senão “aquele do poder” e crava: “Essa violência é a construção da paz”.

O POVO - O que as manifestações dizem a respeito da nossa democracia?
Giuseppe Cocco - Podemos abrir a reflexão sobre o tema da democracia em várias direções. Por um lado, a repressão determina uma maior mobilização - inclusive uma mobilização radical. Todas essas manifestações tinham uma participação de jovens mais ou menos determinados ao confronto, claramente inspirados por um certo tipo de exasperação com relação às mudanças, ao fato de que mudanças são colocadas a longo prazo, de que há que esperar, mas também com inspiração pelo que aconteceu nas Revoluções Árabes e em Istambul. E, nessas mobilizações, os setores jovens, desorganizados ou não tradicionais, indo para o enfrentamento e dizendo que isso não é uma verdadeira democracia. O que é verdade. Mesmo que, inicialmente, a maioria dos manifestantes fosse do movimento estudantil, de classe média metropolitana, rapidamente houve uma mobilização de jovens da periferia que também têm acesso à universidade, mas pelas políticas de inclusão do governo (Prouni, Reuni, expansão do ensino técnico...), que entraram nessa brecha criticando a democracia e praticando uma outra democracia. Democracia é essa possibilidade do conflito, do conflito acontecer, de dizer: “Eu quero ir até o estádio. Se o pessoal faz uma barreira para que eu fique a quatro quilômetros para ninguém ver, eu vou fazer de uma maneira que todo mundo veja. Eu quero contestar”. É uma prática da democracia que a preenche com outro conteúdo, onde os conflitos possam acontecer e não sejam governados como eles são governados agora. Porém nossa democracia é bipolar, é uma grande conciliação entre os partidos, uma dinâmica que faz os governos todos iguais com pequenas nuances; por outro lado, a regulação dos pobres continua sendo ultraviolenta, baseada no poder de exceção de uma polícia que pode matar pobre quando quiser. Esse movimento, para além do tipo de política da mobilização, abriu uma brecha, colocando a democracia num terreno mais material e dando novo conteúdo.

OP - Que indícios as manifestações dão do que pode ser essa nova democracia que se almeja?
Cocco - Com certeza, as manifestações que continuam apontam para um outro horizonte, que é de radicalização democrática. A democracia não é a pacificação no sentido do medo e da harmonia como necessário terreno de escamoteamento da luta de classes, da luta entre interesses diferentes. A democracia é o espaço onde essa luta possa acontecer sem que signifique uma violência generalizada ou o retorno ao totalitarismo. O paradoxo da esquerda de poder e de setores da esquerda que achavam que estavam com o movimento foi de dizer que as mobilizações eram fascistas – quando, na verdade, é a postura do estado diante disso. Depois dessa fase formidável de manifestações maciças, o movimento passa por uma fase de difusão, que pode ser um refluxo, como em São Paulo que já não acontece quase mais nada, ou pode ser uma difusão com uma outra respiração, a experimentação de outros movimentos. Para efetivamente essa radicalização democrática passar do momento insurrecional, que é destituinte, ao momento instituinte, ela precisa encontrar espaços, medidas, métricas adequadas.

OP - O senhor acha que estamos nesse estágio?
Cocco - Sim. Estamos nessa inflexão. As ocupações que pipocaram em Câmaras e Assembleias Legislativas são os primeiros momentos nesse sentido. Houve em Porto Alegre, em Belo Horizonte, no Espírito Santo, em Belém. Depois houve uma multiplicação de assembleias populares, plenárias. No Rio de Janeiro, está cheio. Ninguém sabe quantas reuniões estão efetivamente acontecendo. Pode também ser que nessa inflexão o movimento vá se diluindo e refluindo.

OP - Qual a diferença entre essas reuniões agora e as reuniões que sempre aconteceram nas periferias das cidades, com os movimentos sociais?
Cocco - A diferença é enorme. Em primeiro lugar, esse movimento não vem do nada. Há várias gerações de militantes, de organizações que no movimento se juntaram. Mas foi o terreno de uma transformação antropológica que levou muita gente a acreditar nas mobilizações, em si mesmos, no uso das redes. As características são que as mobilizações têm muita gente, quando antes você tinha apenas os segmentos organizados - mesmo das margens como MST, Sem Teto, Terceiro Setor -; eram sempre essas redes que multiplicavam os momentos de resistência, mas não conseguiam massificar. O momento eleitoral partidário, das grandes organizações sindicais, prevalecia com um quadro de desvalorização, cooptação e repressão de mobilizações pequenas. Mesmo as mobilizações descentralizadas, têm hoje 300 ou 400 pessoas. Há uma grande determinação de participação, uma geração completamente nova. Isso significa que a crise da representação não é apenas do governo, mas de todas as formas organizadas. Inclusive MST etc. Não é que sejam contestados diretamente, mas eles ficaram completamente deslocados diante dessa prática.

OP - Então, como conjugar ideias tão antagônicas a respeito, por exemplo, de economia, política, direitos humanos?
Cocco - O verdadeiro problema é que, para lidar com isso ou pensar essa dinâmica do destituinte ao instituinte, é preciso - o que não é fácil, a reação automática dos partidos e do governo é o contrário - renunciar inicialmente a querer conjugar isso. A característica desse movimento de multidão é que ele não se unifica. A verdadeira política adequada diante disso seria se abrir e se deixar atravessar por um movimento de multiplicidade de iniciativa. Nenhum partido, nem de extrema esquerda, teria condição de fazer, porque, por definição, eles têm um modo de funcionamento unificado, sintetizado. Francamente, se eu estivesse no governo, também não saberia como fazer. Mas há horizontes que a gente poderia definir como horizontes possíveis.

OP - Quais?
Cocco - O governo federal, que tem mais condições, poderia, embora já tenha passado o tempo, ter enxergado nesse movimento uma guinada para a esquerda e ter feito uma reforma ministerial que teria sido uma reforma em termos de comunicação, simbólica, mas que marcasse essa abertura. Por exemplo, colocando nos Direitos Humanos uma figura reconhecida por sua história e sua prática, construindo o ministério da Cidade e do Transporte juntos, colocando uma figura reconhecida do movimento da reforma urbana, reorganizando também o ministério da Cultura. Esses três momentos teriam sido fundamentais. O PT não tem essa capacidade, essa lucidez. A presidente Dilma, ainda menos. A coisa curiosa é que o governo Lula teve experiência de política da multidão, da multiplicidade, que foi destruída pela Dilma. Ela não deu a menor bola. Para ela, o problema é a megabarragem. A política dos Pontos de Cultura é o exemplo da política da multidão. Você usa o recurso público, dobrando ele ao reconhecimento das dinâmicas de auto-organização que existem na sociedade.

OP - Qual o lugar da violência e do enfrentamento nas manifestações?
Cocco - A violência é um terreno de organização do poder e organização do poder em torno de algo bem específico que é o medo. Um país como o Brasil não se sustenta sem a produção e reprodução sistemática do medo. O nível de desigualdade, de injustiça, de miséria que caracteriza todas as cidades brasileiras só se sustenta porque o poder é organizado em torno do medo. Não é por acaso que, nas cidades como o Rio de Janeiro, tenha uma tropa de elite que tem como símbolo a caveira, quer dizer, a morte. Essas manifestações tinham patamar diferente, uma determinação de não ser rituais. Um dos mecanismos da massificação foi que, desde o início, elas continham um elemento de radicalidade que implicava no fato de dizer: “Nós não vamos nos manifestar de maneira ritual. Vamos marcar nossa presença inclusive enfrentando as limitações que o estado nos impõe e eventualmente atacando alguns símbolos do poder”. Isso pegou.

OP – Como o senhor entende o que se convencionou chamar de “vandalismo”?
Cocco – Acho que a gente deve desconstruir o termo. Não existe nenhum vandalismo a não ser aquele do poder. Por exemplo, que sentido faz falar de vandalismo em São Paulo depois de tudo o que aconteceu com aquelas centenas de mortos ligados ao enfrentamento entre a PM e os comandos da criminalidade organizada, as chacinas que aconteciam em toda a cidade? O termo vandalismo é a hipocrisia mais total de uma mídia que não se olha no espelho. O vandalismo aqui é uma pura invenção midiática. No Rio de Janeiro, por exemplo, quando a gente fala do que é a gestão (do governador) Sérgio Cabral, (do prefeito) Eduardo Paes e (do ex-prefeito) César Maia, podemos fazer uma lista de 10 ou mais grandes investimentos, cada um deles mais ou menos bilionário, jogados no lixo. Uma ou duas vitrines, um mobiliário urbano quebrado é menos do que nada diante da Cidade da Música, construída por César Maia, que custou pelo menos meio bilhão e está fechada há mais de quatro anos. Está lá, enorme, gigantesca, no meio de um mar de favelas no meio da Barra da Tijuca, perto da Cidade de Deus. Algumas lojas quebradas por aqueles da Cidade de Deus não é nada diante desse meio bilhão que não tem nenhum uso. O Maracanã foi refeito em 2007, refeito agora e, depois da Copa do Mundo, será refeito de novo para a Olimpíada. É uma festa vandálica. Os vândalos estão no poder. Foram os garotos que deram a essas manifestações e continuam dando uma característica não ritual ou vazia como de uma procissão, que repete uma liturgia para que os dirigentes continuem nos seus negócios. Isso deu a esse movimento a sua dinâmica e caracterização inovadoras.

OP - Há um investimento dos próprios corpos dos manifestantes no enfrentamento...
Cocco - Sim. Enquanto enfrentam a radicalização da polícia para que a manifestação não seja limitada, ritualizada, esvaziada, defendem a manifestação com o próprio corpo, e a política da multidão aparece como a política dos corpos. Não mais a política dos números das estatísticas eleitorais. Coisa que não entra na cabeça da Dilma e do PT, que continuam a perguntar para os marqueteiros. Esse movimento destrói todas as funções matemáticas e estatísticas usadas pelo marketing, pelos economistas. Porque os corpos não são números. Eles interagem segundo outra dinâmica. Podemos usar a metáfora do amor, o amor que tem nessas lutas. “Existe amor” não é um decreto, mas uma constituição que passa pela luta. É a luta que constitui o amor.

OP - O que a “multidão” ensina para o “povo”?
Cocco - O povo não existe mais enquanto povo, mas enquanto fragmento. O outro lado dessa existência do povo enquanto fragmento - que o Brasil conhece por causa do subdesenvolvimento - reaparece na forma da constituição do fazer-se da multidão. Esse fazer escamoteia a problemática do povo. A multidão não é povo. A violência da multidão é uma violência de resistência e revide. Se, por um lado, tem uma determinação da radicalização para que a manifestação não seja ritual, por outro, o comportamento desse grupo mais radical, muitas vezes da periferia, sem nenhuma centralização, funciona como um enxame. Eles ficam lá, se juntam, se espalham. A prática da violência deles é defensiva.Há imagens incríveis desse enxame de jovens indo para cima com tapumes, barra de ferro, pedras contra o caveirão, até andando em cima do caveirão. Por que podem fazer isso? Esses, que vão para cima, conhecem esse caveirão que mata todo dia na favela. Porque, na avenida, ele tinha condição de fazer isso sem que o caveirão matasse. É um ódio contra a polícia assassina; é também a destruição do medo e a construção de uma verdadeira paz. Não há paz com medo. A paz é dos cidadãos que não têm medo. Essa violência é a construção da paz.

OP - Como o senhor entende a relação entre a crise de representatividade que atinge os partidos políticos e o ódio à imprensa, com carros de reportagens queimados e hostilização a repórteres? As duas coisas fazem parte do mesmo movimento?
Cocco - Em primeiro lugar, a mídia só conseguiu ficar nessas manifestações descaracterizada. Por isso levou muita bala de borracha. Houve muitos jornalistas feridos. A esquerda e o PT diziam que era um movimento manipulado pela grande mídia de direita. Quando os manifestantes atacam a Rede Globo, como aconteceu no Leblon, dizem que são infiltrados, vândalos. Eles choram por causa da campanha midiática do mensalão, mas não conseguem enxergar o fato de que a multidão é profundamente inimiga da mídia e identifica diretamente a mídia com todo o sistema do poder e do estado. Se existe uma recusa dos partidos nessas manifestações, existe um ódio pela polícia, pelo estado, que é equivalente ao ódio pela mídia. A questão dos partidos é porque os movimentos são irrepresentáveis. Se o partido pretende se impor, porque pensa que ele tem uma bandeira limpa como o caso da esquerda de oposição, da extrema esquerda, como o PSTU, ele é visto como uma imposição. Se ele se impõe, é visto ainda pior - como foi o caso dos sindicatos. A recusa das bandeiras de fora não significa recusa de forma de organização e constituição. A fase pela qual passa o movimento nesse momento é o de dizer: “Bom, uma vez que a gente contesta sistematicamente todas as formas de organização, como é que a gente se organiza?”. Ninguém sabe como.

OP - Na época do lançamento de Mundobraz, o senhor afirmou: “A crise está aberta, ela pode ser uma perspectiva de construção de outros valores. Esse horizonte está na possibilidade de construir (...) uma esfera do comum”. As manifestações estão construindo essa esfera do comum?
Cocco - Ainda não. Elas indicam uma esfera que não é bem aquela estatal, nem aquela do mercado. São profundamente antiestatais, contra representação; e profundamente contra o mercado, contra o capitalismo. Esse movimento tira a roupa de todo mundo. Todo mundo fica nu, falando um monte de besteira. Mas acho que indica para esse terreno da constituição do comum. Só o movimento inventa, só a luta ensina. Esse movimento transmuta todos os valores. Antes do movimento, isso que eu dizia passava na indiferença, como um fato folclórico, interessante, no regime da produção artística. Agora dá para dizer: “Está lá”. Mesmo que o movimento possa passar agora por um refluxo total, é um evento único que abre todos os horizontes do possível.
 

domingo, 4 de agosto de 2013

Exclusão pela distância e a negação da cidade - Revista Fórum | Revista Fórum

Exclusão pela distância e a negação da cidade - Revista Fórum | Revista Fórum
O artigo de Fernando Luiz Lara trata de condomínios fechados e sua proposta de negação da cidade tradicional, mas faz a necessária ligação do tema com os protestos pelo passe livre que tomaram as ruas desde a primeira semana de junho
Por Fernando Luiz Lara
Esta matéria está na edição 124 da revista Fórum.
Isso porque a lógica que promove e lucra com os condomínios fechados é a mesma lógica que condena grande parte dos brasileiros a um transporte ineficiente e caro durante horas e horas a cada dia: a lógica da exclusão pela distância.
Da chegada dos portugueses até os anos 1970 do século passado, essa lógica funcionava com uma direção única que ditava que quanto mais perto do centro (onde sempre esteve concentrada a melhor infraestrutura) mais caro.  Durante séculos, os mais pobres foram empurrados para a periferia das cidades, onde a terra era mais barata, ou para os morros e áreas inundáveis, que por isso mesmo não tinham valor, ainda que perto do centro.  A verticalização induzida (e por isso mesmo precoce) que ocorreu no Rio e em São Paulo desde os anos 1940 – Copacabana e Higienópolis por exemplo – foi uma forma encontrada de se criar espaços caros ainda perto dos centros das respectivas cidades onde tudo ainda acontecia. O crescimento da indústria automobilística no Brasil dos anos 1950 começa a mudar esse quadro e a possibilitar uma incipiente suburbanização de modelo norte-americano, do qual o Morumbi e São Conrado são os exemplos clássicos.
A partir dos anos 1970, a construção de rodovias do “primeiro PAC”, chamado à época de milagre brasileiro, facilitou a construção dos primeiros condomínios fechados, dos quais o Alphaville de Barueri é o mais famoso.  Interessante perceber que a proposta dos condomínios fechados se baseia na ideia de “volta à natureza” ou de uma forma de morar mais idílica, mais pastoral mesmo. Essa ideia tem suas raízes no modelo anglo-saxão, segundo o qual a natureza purifica enquanto a cidade perverte. No modelo mediterrâneo, cidade e natureza são duas entidades completamente separadas e a civilização reside no urbano, nunca no campo.
Uma contradição fundamental está no fato de que os condomínios fechados são, na realidade, uma ameaça à natureza. O avanço sobre as áreas periféricas remove a cobertura vegetal natural e expande as fronteiras do espaço habitável, levando asfalto, rede elétrica e grama onde antes havia cerrado ou mata atlântica. O trabalho da professora Regina Horta Duarte da UFMG (DUARTE, 2012) mostra bem esse processo ainda no seu início nos anos 50.
Mais recentemente os condomínios fechados brasileiros adotaram o discurso do New Urbanism norte-americano. Nascido como reação ao processo de suburbanização dos EUA o New Urbanism propunha cidades mais densas, menos dependentes do automóvel e com uso múltiplo (comércio e moradia juntos). No fiel da balança o New Urbanism acabou adotando uma estética conservadora (LARA, 2001) e fez sucesso com loteamentos exclusivos e homogêneos do ponto de vista sócioeconômico. A lógica da exclusão pela distância nunca foi ameaçada pelo New Urbanism, e por consequência ele nunca serviu para melhorar as cidades existentes.
Inebriados da ideia de que a cidade é o espaço da pobreza e dos protestos, a classe média alta dos EUA nos anos 1960/1970 e do Brasil nos anos 1980/1990 abandona os centros urbanos com toda sua infraestrutura e se refugia nos condomínios fechados.  No caso brasileiro existe um agravante pelo fato de que tais condomínios são menos densos, mais dependentes do automóvel e absolutamente residenciais, o oposto perfeito da proposta do New Urbanism. Mas a estética conservadora e a ideia de retorno a um passado idílico é o que vende (LARA, 2011), além, é claro, da dificuldade de acesso que se traduz na palavra mágica: Exclusividade.
A exclusividade é a irmã palatável (e por isso vendável) da palavra exclusão. A distância que separa os condomínios fechados do resto da cidade é uma forma de muro invisível que garante a não diversidade de cada gleba.
Uso aqui a palavra gleba porque ela, a terra, está na raiz de todo esse processo de exclusão que vamos desmontando a duras penas, entre balas de borracha e gás lacrimogêneo como nos dias 13 e 17 de junho de 2013. Isso porque a revolução  do passe livre seria um passo importantíssimo para desmontar ou ao menos amenizar a lógica perversa da exclusão espacial. Com transporte público gratuito ou verdadeiramente subsidiado, a balança do preço da terra iria se mover fortemente para o lado da periferia. Essa é a chave da questão a ser resolvida no futuro próximo, e eu que achava que a Copa do Mundo não nos deixaria legado algum percebo que estava enganado. Os protestos são o maior legado da Copa de 2014. 
Esta matéria está na edição 124 da revista Fórum.
Fernando Luiz Lara é arquiteto e professor associado da University of Texas at Austin, onde dirige atualmente o Brazil Center no Lozano Long Institute of Latin American Studies.
DUARTE, Regina H. (2012). “It Does Not Even Seem Like We Are in Brazil”: Country Clubs and Gated Communities in Belo Horizonte, Brazil, 1951–1964, Journal of Latin American Studies / Volume 44 / Issue 03 / August 2012, p. 435-466.
LARA, Fernando (2001). Vizinhos do Pateta. Arquitextos, São Paulo, 01.011, Vitruvius, abr 2001 01.011/899>.
LARA, Fernando (2011). New (Sub)Urbanism and Old Inequalities in Brazilian Gated Communities, Journal of Urban Design, Volume 16, Issue 03, p. 369-380.
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“Não há violência no Black Bloc. Há performance” — CartaCapital

“Não há violência no Black Bloc. Há performance” — CartaCapital
Manifestante anarquista, que participou das ações diretas em São Paulo, fala com CartaCapital sobre os protestos e a depredação de bancos e concessionárias
por Willian Vieira e Piero Locatelli — publicado 02/08/2013 09:07  
Quebrar bancos não é violência, é performance. Esta é opinião de uma manifestante dos black blocs, tática que vem ganhando adeptos no Brasil. Participante dos protestos em São Paulo na última semana, que resultaram na quebra de bancos e concessionárias, Roberto (nome fictício), de 26 anos, falou com a CartaCapital por e-mail sobre as ações. Ele explicou sua insatisfação com partidos, e os motivos que o leva às ruas para depredar símbolos capitalistas. Leia a entrevista abaixo:
CartaCapital: O que o motiva a fazer parte de um black bloc? São insatisfações com o sistema político, com partidos, com o capitalismo e o tipo de democracia que vivemos? Ou são outras razões mais específicas?
Roberto: O Black Bloc foi uma estratégia nascida em seio anarquista. Portanto, o que nos motiva é uma insatisfação com o sistema político e econômico em que vivemos. Para mim, as duas coisas são indissociáveis e têm problemas com raízes muito mais profundas do que partido X ou partido Y.
CC: De quantos protestos já participou, fazendo black bloc? Qual o primeiro?
Roberto: Fazendo Black Bloc, já foram três protestos. O primeiro foi o ato pela democratização da mídia, do dia 11 de julho. Mas antes já tinha participado de outras ações diretas, sem necessariamente a identificação com o Black Bloc. Por exemplo, os dois últimos atos pela redução da tarifa do transporte público, com a ação de queimar bandeiras do Brasil.
CC: Por que decidiu ir aos protestos e fazer parte do Black Bloc?
Roberto: Decidi ir porque considero a ação direta uma estratégia tão importante quanto a não-direta. Nossa sociedade vive permeada por símbolos, e saber usa-los é essencial em qualquer demanda, seja ela política ou cultural. Participar de um Black Bloc é fazer uso desses símbolos para quebrar pré-conceitos e condicionamentos. Não só do alvo atacado, mas até da própria ideia de vandalismo.
A sociedade tende a considerar a depredação como algo “errado” por natureza. Mas se nós sabemos e admitimos que os alvos atacados, em sua maioria agências bancárias até o momento, não foram realmente prejudicados – ou seja, os danos financeiros são irrisórios – qual é o real dano de uma estratégia Black Bloc? Por que deveria ser considerada errada a priori?
Não há violência no Black Bloc. Há performance.
CC: Não tem medo de ser preso ou de ser violentado pela polícia? Como lida com isso?
Roberto: Claro que tenho medo. Que ótimo que eu tenho medo. Existe o medo que paralisa e existe o medo que impulsiona. Lidamos com nosso medo nos organizando melhor, planejando nossas ações e debatendo cada estratégia.
Lidamos com nosso medo não sendo pegos.
CC: Você não se sente representado pelos movimentos sociais ou partidos? Por quê?
Roberto: Sinto-me “representado” por diversos coletivos ligados a movimentos sociais, como o MPL (Movimento Passe Livre), o DAR (Desentorpecendo A Razão), o CMI (Centro de Mídia Independente), a Marcha das Vadias etc. Existem outros que apoio fortemente, apesar de não poder dizer que me sinto representado porque isso seria hipocrisia: não é o meu perfil que eles querem (e devem) representar. Como exemplo, o MTST (Movimento dos Trabalhadores Sem-Teto).
Não me sinto representado por nenhum partido político. Veja que a conotação de “representação” aqui é outra. Não me sinto representado por partidos porque não sou a favor de uma democracia representativa, mas sim de uma democracia direta. A forma como os partidos políticos estão configurados atualmente serve apenas dentro da lógica da democracia representativa.
CC: Você lê/estuda sobre anarquismo? Acha importante esse debate no contexto dos black blocs?
Roberto: Sim, estudo tanto autores clássicos quanto os mais recentes. Acho esse debate importantíssimo. Veja, a estratégia Black Bloc é uma estratégia performática antes de tudo. E com alto valor simbólico. Não se trata de depredar pelo simples prazer ou alegria de quebrar ou pichar coisas. Trata-se de atacar o símbolo que existe representado naquele local ou objeto físico. A formação política ajuda a manter esse foco bem-definido. Ajuda a pensarmos quais são os alvos que valem a pena e quais são os que se tornariam puro ataque gratuito.
Além disso, debater teoria política também nos permite reconhecer quem é mais afinado com suas ideias e maneira de pensar, dando oportunidade para outras estratégias, Black Bloc ou não. Todo debate vale a pena, ele cria desdobramentos.
CC: A imprensa vem tentando fazer uma diferenciação entre manifestantes pacíficos e violentos. O que acha dessa tentativa de dividir em duas categorias os que estão nos protestos?
Roberto: Acho ridículo. Primeiro porque essa diferenciação não é fixa. Existem manifestantes, muitos aliás, que transitam entre os ditos “pacíficos” e os “violentos” dependendo das estratégias, do ato, do grupo de afinidade e da situação. Usar de ações direta não é uma invalidação de outras estratégias. Todas são válidas, e é essa multiplicidade que nos confere força.
E segundo porque a noção de “Violência” é completamente deturpada. As ações de vandalismo e depredação não podem ser consideradas violentes simplesmente porque não são ataques contra pessoas, mas sim contra coisas. A palavra “violência” carrega uma ideologia de discurso preconceituosa e irracional e é usada para desqualificar as ações diretas a priori.
CC: Os movimentos sociais e partidos de esquerda costumam tentar o diálogo por vias institucionais. A ação direta nas ruas pode trazer mais mudanças que esses processos? Por quê?
Roberto: As ações diretas não invalidam o diálogo por vias institucionais. Quando atacamos uma agência bancária, por exemplo, não somos loucos ou ingênuos de acreditar que estamos ajudando a falir um banco. Mas nós estamos sim ajudando a tornar evidente o clima de instabilidade política e a insanidade da nossa sociedade capitalista.
As táticas Black Bloc são uma demonstração do poder que já existe nas mãos da população, e esse poder é normalmente desconsiderado pela simples existência das chamadas “vias institucionais”. Quando atuamos com ação direta, queremos também chamar atenção a isso, a essa multiplicidade de caminhos para atender as reivindicações sociais e à ineficiência de se utilizar apenas um, especialmente um que é viciado pelo próprio sistema onde está inserido. Queremos demonstrar que política também se faz com as próprias mãos.
Não queremos afirmar que as ações diretas nas ruas podem trazer mais mudanças que esses processos, mas sim que as ações diretas nas ruas podem trazer mudanças A esses processos. É mais pressão, mais autonomia.
CC: Quais você acha que devem ser os alvos de ações diretas e por quê?
Roberto: Bancos e outras instituições financeiras por simbolizarem o capital; algumas sedes administrativas do poder público, por simbolizarem o Estado; alguns monumentos públicos (a idolatria aos bandeirantes é fascismo histórico e valorização do genocídio, por exemplo); relógios públicos (são suporte para a publicidade e simbolizam a escravidão pelo tempo); concessionárias, por incentivarem nosso modelo falido de transporte e vida em sociedade.
 

quinta-feira, 1 de agosto de 2013

Detroit's Collapse Reveals the Awful Dystopia that the United States Is Becoming | OCCUPY WALL STREET

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Após quase oito dias, Câmara de Porto Alegre é desocupada pelos peladões na luta pelo passe livre | FocAia - Focas do Araguaia

Após quase oito dias, Câmara de Porto Alegre é desocupada pelos peladões na luta pelo passe livre | FocAia - Focas do Araguaia

Opinião: A ocupação e a nudez da incoerência - Revista Fórum | Revista Fórum

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Cobertura do Grupo RBS sobre ocupação da Câmara de Porto Alegre é abandono do jornalismo | JORNALISMO B

Cobertura do Grupo RBS sobre ocupação da Câmara de Porto Alegre é abandono do jornalismo | JORNALISMO B

sexta-feira, 12 de julho de 2013

NINJA responde no Facebook nota de jornalista do Estadao, veja aqui - Blue Bus

NINJA responde no Facebook nota de jornalista do Estadao, veja aqui - Blue Bus

NINJA responde no Facebook nota de jornalista do Estadao, veja aqui

Em nota, jornalista desmerece trabalho da Mídia NINJA, que acompanha as manifestaçoes brs diretamente da rua, dando uma visao horizontal dos fatos para quem está de fora. NINJA publicou ontem sua réplica no Facebook, veja:
MÍDIA MÁRTIR
No fim de semana, Artur Rodrigues, um jornalista do Estado de S. Paulo escreveu o seguinte parágrafo se referindo à cobertura da Mídia Ninja:
“Ninja é o cara que acorda de madrugada pra falar com mulher de preso na fila da visita, o que abre cem bueiros com pé de cabra para ver se estao limpos, o que pega 10 viroses por ano para ver se tem maca nos corredores dos hospitais, o que faz 30 ligaçoes por dia para descobrir que um político está usando aviao da FAB para viagem particular, o que toma tiro no olho para fazer a imagem, o que passa dias recontando os dados de homicídios e desmascarar a maquiagem do poder público, o que é obrigado a ir no enterro de uma criança assassinada. Ninja é, acima de tudo, o cara que ganha piso de 3 paus para fazer tudo isso. Filmar tudo com o celular e transmitir na internet, sem ganhar nada por isso, é brincadeira”
Só faltou dizer que para ser Ninja de verdade precisa ter diploma… Mas nao é o caso de zombar do ataque desqualificador do colega. Apenas ler com mais atençao.
Ele parece nao saber que antes de ser uma metáfora, Ninja é uma sigla. Narrativas Independentes, Jornalismo e Açao. Sobre a primeira parte, a tal independencia narrativa, um repórter do Estadao nao pode se gabar. Entendo e valorizo de verdade o apuro, a dedicaçao as viroses que ele exalta contrair. Mas, em geral, o material uma vez editado, contextualizado por seus publishers, costuma servir para reforçar uma versao de sociedade contrária aos valores humanistas que nosso herói ostenta em seu post.
Generalizo? Um pouco. Mas nem tanto… que liberdade Artur tem para questionar, publicamente, o editorial de seu veículo que pedia sangue, violência policial contra os manifestantes naquela fatídica quinta 13, quando jornalistas como ele (Se ele estivesse na rua. Nao sei se estava) apanharam como meros paulistanos indignados? Poderá o ímpeto perdigueiro de Artur investigar a fundo as contas e falcatruas de aliados políticos de seus empregadores? Poderá Artur apresentar ao público, depois de 30 telefonemas, o real teor das reformas das leis de meios de comunicaçao que vêm sendo propostas há anos?
Sobre a segunda parte, o Jornalismo… Nao há dúvida. Seu ofício merece esse nome. Investigar, apurar, ter paciência e saúde para honrar a tarefa de ser um olho público. Mas entao fica a dica para Artur: faça esse trabalho antes de avacalhar o trabalho da Mídia Ninja. Ou seja: dê um de seus tantos telefonemas e descubra que horas estamos acordando. Quantas horas estamos dormindo. Como estamos financiando nosso trabalho. Os riscos e as reais agressoes que viemos sofrendo nas últimas semanas. E quais as motivaçoes, fora dinheiro, estao nos movendo para as ruas. O próprio jornal onde ele trabalha tem jornalista desse tipo, aliás. No domingo passado, uma matéria de contracapa do caderno… Aliás… buscou conhecer mais sobre nossa rede.
Sobre a terceira parte da sigla, a Açao, nao vou elaborar muito e me ater a um trecho particularmente triste no comentário do colega. “Ninja é, acima de tudo, o cara que ganha piso de 3 paus para fazer tudo isso. Filmar tudo com o celular e transmitir na internet, sem ganhar nada por isso, é brincadeira”
Seu sentimento de auto-importância, ainda comum entre sobreviventes de redaçoes (Ficaralho, alguém?) o faz encarar a falta de remuneraçao como um demérito. E a baixa remuneraçao como prova de que o Ninja, no fundo, é ele.
Isso encerra de fato a discussao. Nao é que ele se conforma… mas exalta a conformaçao a um mercado precarizado, injusto e que nao dá o devido valor a quem o executa na base. Sem perceber, vira um escudo humano para críticas ao modelo corporativo e comercial. O mesmo modelo falido que, mês a mês, demite mais e mais de seus colegas. E que confunde, em um abraço de afogado, jornal com jornalismo.
Por fim, quero dizer que concordaria com 100% do que disse Artur. Desde que ele trocasse a palavra “Ninja” por “Mártir”.
Nada contra. Há um carma, uma vocaçao, até um papel importante para os que enxergam no martírio uma virtude. Mas nao é pelo sacrifício (sempre presente) de nosso trabalho que saímos de casa. É pela parte empolgante, pela aventura e pela felicidade de tentar criar uma forma nova de fazer jornalismo. E de, inclusive, buscar formas de financiar jornalismo sem patrocínio e anúncios privados ou públicos. Nas próximas semanas, inclusive, vamos apresentar 1 site e 4 modelos diferentes para tentar estreitar a ponte de recursos e ideias entre produtores e consumidores de informaçao. Sem intermediários.
Se há colegas, como Artur, que acham isso uma brincadeira, sem problemas. Nao me ofende nem um pouco. Mas que eles tenham entao a humildade de admitir que muita gente está fazendo brincando o que muitos nao estao conseguindo fazer profissionalmente.
Jamille Bringuenti

Is the Egyptian Revolution Dead?

Is the Egyptian Revolution Dead?

by beloved friend Philip Rizk via Pablo de Soto (facebook)

The final excerpt:

Today we are still in the midst of the January 25 Revolution. We face a serious threat of its co-optation but until now the power still lies with the people. In order to fight on we must both remember the past as well as see our immediate situation in light of the global power constellation.

We are not alone.

Despite the different contexts across Brazil, Turkey, and Chile, as in Greece, Spain, Portugal, and the United States, people are taking to the street to stand in the way of the rule of local elites by the logic of the longevity of their power and the increase of a minorities’ wealth. Seeing all these revolutionary moments within one frame means that with or without democracy, with or without elections, popular rule is moving to the street and out of institutions and government offices. As Max Weber wrote, representation is a “structure of domination,” and thus we maintain the revolution’s cry, “the people want the fall of the system.”

We are at a global turning point.

We must fight on.

quinta-feira, 11 de julho de 2013

Democracia ou desordem? As quatro lições da Primavera Árabe - BBC Brasil - Notícias

Democracia ou desordem? As quatro lições da Primavera Árabe - BBC Brasil - Notícias

Alguns analistas estão dizendo que tudo não passou de uma ilusão, que a Primavera Árabe - que parecia ser o prenúncio da democracia – não trouxe nada além de desordem.
Outros vão ainda mais longe e argumentam que árabes, ou muçulmanos, estão presos ao sectarianismo e à intolerância e que, por isso, são incapazes de promover a democracia.
Nenhum dos dois argumentos, no entanto, sobrevivem diante de uma análise mais criteriosa dos fatos.
É evidente que aqueles dias empolgantes de 2011 – quando os árabes tomaram as ruas e depuseram três ditadores – se transformaram agora em uma memória distante.
Muitos dos que participaram dos protestos há dois anos agora estão profundamente desiludidos. Suas vidas não melhoraram e, em muitos casos, pioraram.
Mas é necessário questionar o que deu errado, e tirar as lições corretas.

1. Nunca será fácil e rápido


A primeira lição é que a Primavera Árabe é um processo, e não um evento. Nunca ninguém poderia imaginar que os governantes árabes, e as elites que os sustentavam, um dia cairiam ou morreriam.
O papel do Ocidente sempre foi ambivalente. Ele sempre esteve nos dois lados – ansioso por encorajar as novas democracias, mas sem derrubar as velhas autocracias.
Em sociedades em que os movimentos democráticos eram suprimidos há muito tempo, não se pode esperar que a tolerância, o pluralismo e os direitos humanos aflorem do dia para noite.
Isso sempre será, nessa região, um longa luta geracional.

2. Não há um padrão único

A segunda lição - bastante óbvia mediante um rápido retrospecto - é que circunstâncias diferentes produzem resultados diferentes.
Na Tunísia, as forças armadas abandonaram o ditador - e, em seguida, saíram do cenário político.
No Egito, ocorreu o oposto. Por duas vezes, após protestos em massa, o Exército interveio e retirou um ditador do poder.
Mas ao assumirem o controle do país, os militares foram inábeis. A noção de que as Forças Armadas poderiam ser um instrumento para a democracia sempre foi suspeita.
Na Líbia – até agora um caso excepcional -, foi uma intervenção do Ocidente que virou o jogo, selando o destino do ditador Muammar Kadhafi.
Na Síria, o Ocidente está – com razão – relutante a agir, deixando para as forças locais e regionais resolver o conflito.
Não há um padrão fixo e, por isso, não há resultados uniformes.

3. Os muçulmanos estão em uma encruzilhada

Em toda a região, os muçulmanos puderam experimentar o que é ter poder, mas o usaram de formas diferentes.
Na Tunísia, eles entenderam que não poderiam governar sozinhos.
Já os muçulmanos egípcios cometeram o erro de se livrar brutalmente de seus oponentes.
Por outro lado, incapazes de se livrarem de uma paranoia enraizada, eles tendem a ver todos os opositores como conspiradores.
E, fatalmente, subestimaram o poder dos militares.
Mas é um erro achar que, regionalmente, os muçulmanos estão recuando. Eles estão na defensiva, mas longe de serem vencidos.
A questão é qual lição eles vão tirar dos eventos recentes.
Alguns muçulmanos egípcios podem chegar à conclusão de que não podem culpar os outros pelo próprio destino: afinal, tiveram sua chance de exercer o poder, mas perderam essa oportunidade.
Outros, no Egito, na Síria ou em outros locais, podem argumentar que a democracia não leva a nada, e que apenas por meio da violência podem alcançar a utopia islâmica.

4. O poder do povo não é suficiente

Por último, as revoltas árabes mostraram o poder, e também as limitações, dos protestos em massa.
A ideia do empoderamento popular criou raízes, alimentada pela TV por satélite e pelas mídias sociais. E nenhum país está imune a isso.
A Primavera Árabe pode não ter alterado o balanço de poder regional, mas derrubou as expectativas populares.
É uma revolução na mente.
Mas a dura lição é que, por si só, o poder popular não é suficiente.
O desafio a longo prazo é traduzir o protesto popular e o ódio do povo em uma mudança real e duradoura.
Se isso não acontecer, a promessa da Primavera Árabe não será concretizada.

* Roger Hardy é autor do livro 'A Revolta Muçulmana: uma Jornada pelo Islã Político' (2010). Ele é professor associado nas universidades London School of Economics e King's College, em Londres.

Norte-americanos preparam manifestações em apoio a Snowden « Sul 21

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CARTOGRAFIA DE ESPAÇOS HÍBRIDOS: AS MANIFESTAÇÕES DE JUNHO DE 2013 | #InterAgentes

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domingo, 7 de julho de 2013

28/06/2013 Por Pilatti, Negri, Cocco “Os protestos parecem inventar novas formas de luta. O poder constituinte está aí e, neste aqui e agora, se apresenta como incontornável, mas também vulnerável a aventuras reacionárias”Levante da multidão |

Levante da multidão |

28/06/2013 Por Pilatti, Negri, Cocco


“Os protestos parecem inventar novas formas de luta. O poder constituinte está aí e, neste aqui e agora, se apresenta como incontornável, mas também vulnerável a aventuras reacionárias”
Os acontecimentos dos últimos dias, no Brasil, surpreenderam todos, em todos os horizontes políticos, internos e externos. O Brasil parecia o país sul-americano mais estável e, de repente, “a terra entrou em transe”. Independentemente dos desdobramentos futuros, a multidão mostrou sua potência. À direita e à esquerda se disse, com escândalo, que o movimento não tem “organicidade”, nem “linha”, nem “lideranças”. Até a esquerda dita radical teve de constatar que não há bandeiras abstratas que possam ser impostas, “de fora para dentro”, ao magma que se constitui a partir “de baixo”. “Como isso é possível? Como ousam?” Mas o movimento continua, passou a ser difuso, acelerando seus ritmos: nos centros e periferias, nas grandes e pequenas cidades, nas favelas e no asfalto, multiplicando as reivindicações.
Os acontecimentos dos últimos dias, no Brasil, surpreenderam todos, em todos os horizontes políticos, internos e externos. O Brasil parecia o país sul-americano mais estável e, de repente, “a terra entrou em transe”. Independentemente dos desdobramentos futuros, a multidão mostrou sua potência. À direita e à esquerda se disse, com escândalo, que o movimento não tem “organicidade”, nem “linha”, nem “lideranças”. Até a esquerda dita radical teve de constatar que não há bandeiras abstratas que possam ser impostas, “de fora para dentro”, ao magma que se constitui a partir “de baixo”. “Como isso é possível? Como ousam?” Mas o movimento continua, passou a ser difuso, acelerando seus ritmos: nos centros e periferias, nas grandes e pequenas cidades, nas favelas e no asfalto, multiplicando as reivindicações.
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Levante da multidão

28/06/2013
Por Pilatti, Negri, Cocco


“Os protestos parecem inventar novas formas de luta. O poder constituinte está aí e, neste aqui e agora, se apresenta como incontornável, mas também vulnerável a aventuras reacionárias”
ceara
Por Adriano Pilatti, Antonio Negri e Giuseppe Cocco, no Valor
Os acontecimentos dos últimos dias, no Brasil, surpreenderam todos, em todos os horizontes políticos, internos e externos. O Brasil parecia o país sul-americano mais estável e, de repente, “a terra entrou em transe”. Independentemente dos desdobramentos futuros, a multidão mostrou sua potência. À direita e à esquerda se disse, com escândalo, que o movimento não tem “organicidade”, nem “linha”, nem “lideranças”. Até a esquerda dita radical teve de constatar que não há bandeiras abstratas que possam ser impostas, “de fora para dentro”, ao magma que se constitui a partir “de baixo”. “Como isso é possível? Como ousam?” Mas o movimento continua, passou a ser difuso, acelerando seus ritmos: nos centros e periferias, nas grandes e pequenas cidades, nas favelas e no asfalto, multiplicando as reivindicações.
Os protestos parecem inventar novas formas de luta. O poder constituinte está aí e, neste aqui e agora, se apresenta como incontornável, mas também vulnerável a aventuras reacionárias. Como organizar o pensamento diante dessa aceleração do tempo e dessa inovação radical? Como aproveitar as aberturas e evitar ou combater as ameaças?
Voltemos um pouco atrás. Em 2005 lançamos dois livros no Brasil: “Multidão” e “GlobAL”. Em “Multidão” dizíamos que o trabalho passava a ser explorado fora das fábricas, sem passar pela relação salarial. Se isso implica perda de direitos pela maior fragmentação e precariedade da relação salarial, ao mesmo tempo só pode funcionar se a autonomia do trabalho aumenta e se produz e reproduz dentro e pelas redes. Ou seja, por um lado, o capital desconstrói a classe trabalhadora em um sem-número de fragmentos; pelo outro, por trás dos fragmentos, há singularidades que podem cooperar entre si e perseverar como tais.
No capitalismo contemporâneo, a exploração é exatamente o fato dos agenciamentos subjetivos dos desejos (cognitivos, culturais, institucionais, empresariais) fixarem os “fragmentos” sem se abrir às modulações das singularidades. A multidão da qual falamos não se confunde com a definição sociológica e determinista do devir “líquido” da sociedade pós-moderna. Ao contrário, a multidão é um conceito, político e ontológico, de classe: a classe que se constitui nessa cooperação entre singularidades. Só há multidão quando ela se faz a si mesma, como ocorre neste momento no Brasil. É o contrário da massa dos fragmentos que mídia e direita querem fundir ao entoar o Hino Nacional.
Já em “GlobAL” saudávamos a chegada dos novos governos na América do Sul (sem dedicar uma palavra à Venezuela) e, ao mesmo tempo, dizíamos que eles deveriam ter dois cuidados: primeiro, não cair na ilusão de que haveria novo modelo a ser implementado; segundo, que as oscilações entre inflação dos juros e aquelas dos preços são apenas as duas faces da falta de democracia e essa depende das dimensões biopolíticas das lutas: as lutas pela vida e da vida dos pobres, que persistem diante do terror que o Estado impõe às favelas e às periferias. O livro passou despercebido. Os intelectuais críticos ao governo teorizavam o “Estado de exceção” e aqueles próximos do PT preferiam ver em Lula a incrível reencarnação de Vargas. Depois da crise global, o governo entrou nessa de achar que o desenvolvimentismo era o novo (sic) modelo.
Foi bem no meio dessa festa VIP que a terra tremeu. À direita, o governador de São Paulo usou a violência sem máscaras da polícia. À esquerda, o ministro da Justiça se propôs a mandar mais polícia ainda e bater mais. Quando tiveram que recuar, direita e esquerda apareceram juntas, com a diferença da cor das gravatas, para dizer que a redução do preço das passagens acarretaria o corte de outros gastos sociais. À direita e à esquerda se jogou lenha na fogueira da crise da representação, continuou-se a pensar a política do estranho ponto de vista do fisiologismo e da tecnocracia.
Desde segunda-feira, a elite e sua mídia corporativa trocaram o alvo de suas armas e passaram a usar seu poder concentrado (antidemocrático) para tentar manipular a comoção nacional num sentido reacionário. Pudemos ouvir, na quinta-feira (dia 20) em meio à repressão de milhares de manifestantes, a ideia de usar o Congresso para aplicar ao Brasil o golpe institucional já desfechado em Honduras e no Paraguai. Mas a presidente começou a reagir, embora de maneira tardia e tímida, propondo um plebiscito e uma “constituinte”.
Acontece que a teoria do poder constituinte e sua realidade (aquela que está abertamente nas ruas do Brasil inteiro) é uma teoria da democracia radical. Não é contra a representação, mas contra a separação dessa de sua fonte: a soberania popular. A corrupção está ali, nessa separação dos meios e dos fins, e quem se aproveita dela são aqueles que concentram os meios econômicos e a mídia, inclusive quando a condenam, de maneira moralista, apenas para aumentá-la em seu favor.
Avaliamos positivamente, em seu conjunto, as iniciativas de Dilma, mas pensamos que a solução não passa nem por um plebiscito nem pela convocação de pactos com supostos representantes dos movimentos (aliás, sempre os mesmos “patrocinados”). O desafio é abrir um verdadeiro “processo constituinte”, ou seja, abrir a pólis à participação efetiva do “demos”, nas ruas e além – mesmo que confusa em um primeiro momento – para unir mobilização e invenção de novas institucionalidades, de novas caras. Se o governo e o PT acharem que poderão evitar essa abertura pela mobilização de supostos representantes de casas e circuitos, repetirão o mesmo erro que fez Haddad quando acreditava que existia amor em São Paulo. O poder constituinte não é nada sem a multidão que o faz viver.